jueves, 10 de noviembre de 2016

El último vuelo

     El gran jumbo alcanzó un altura de 35.000 pies. Sobrevolaba la Polinesia Francesa, un grupo de minúsculas islas situadas en el Oceáno Pacífico. El capitán australiano era un veterano piloteando pilotando el avión más reconocido de la tierra.
     Ya se levantaba el sol sobre una gran capa azul y esperaba ser un día perfecto para el viaje. En unas horas llegarían a Los Angeles, en la costa americana, uno de los dos vuelos diarios operados por Qantas, la aerolínea nacional australiana.
     Los pasajeros a bordo, hablaban o dormían mientras se oía el constante murmullo de los cuatro fabulosos motores Rolls Royce. De repente, el sonido paró y un silencio cubrió la cabina. El capitán y su copiloto se miraron sorprendidos; tres de las cuatro turbinas no funcionaban y tenían que aterrizar urgentemente. El gran problema era la carencia de aeropuertos cercanos capaces de soportar un 747. Finalmente, después de comunicarse con la torre de control de Apua, les dieron el permiso de aterrizar en Papeete, la capital de Tahití.
      El capitán y su copiloto se dieron la mano y lentamente el avión bajó entre las nubes. Resultaba claro que podía analizar la situación desde diferentes puntos de vista. Había tenido experiencia volando en la fuerza aérea de Australia y estaba preparado para una ocasión como esta. Sobrevolaron unas cuantas veces la isla para deshacerse del combustible y alivianar vaciar los tanques el avión. Los fuertes vientos laterales impidieron que pudiese aterrizar la primera vez y lo tuvieron que intentar nuevamente. La indomable máquina se ladeó hacia la izquierda y aquí fue donde el último motor murió se detuvo/dejó de funcionar. La aeronave continuó subiendo unos pocos metros más pero se estancó y la 'Reina de los Cielos' cayó bruscamente entre el hermoso coral que rodeaba la isla de Tahití.

Asesinato en Londres



El pasado sábado 16 a las cuatro de la tarde, tomó tuvo lugar un asesinato en un callejón de Londres. Así que para descubrir al culpable y su motivo, el agente especial Leroy Jethro ha sido contratado.

   Se dice que durante el asesinato hubo tres testigos presentes: una madre y su hijo, y un hombre que paseaba por la acera opuesta a estos.
Por lo que da a entender, que si alguno hubiera visto algo y es que cuentan la verdad, sus historias coincidirán.
Así que Leroy Jethro se pone manos a la obra e interroga a cada testigo individualmente. El problema ocurre cuando hay que imaginar las posibles situaciones que pudieron ocurrir, pero al tener la ventaja de los testigos, resulta claro que se podrá analizar la situación desde distintos puntos de vista.

   Desde el punto de vista de la madre, que se iba más pendiente de su hijo más que nada, pero recuerda haber visto a la víctima hablar con una mujer 20 minutos antes del crimen; la del niño, que iba jugando con su avión de juguete pero cuenta que se fijó en la víctima con un hombre robusto e imponente??? (ya que se la había escapado el avión hacia ellos, mientras la madre hacía la compra); y finalmente la del hombre, que estaba tirando la basura en un contenedor del callejón en el que apareció muerta la señora Gibbs. Y cuenta que al oír un grito, se giró y observó unos tacones rojos que pertenecían a la culpable mientras huía del lugar del asesinato y desaparecía al girar la esquina.

martes, 8 de noviembre de 2016

Redacción Eloy Luque 4ºA



SUPERPODERES


Era un día aparentemente normal, Jorge era un chico delgado, con gafas y de rasgos muy corrientes. Era un chico introvertido, y el típico empollón de la clase. Jorge estaba haciendo el examen de trigonometría, en el laboratorio del edificio viejo, era un examen difícil, pero nuestro protagonista lo realizaba con aparente calma.
Como de costumbre, lo terminó 10 minutos antes de que el chirriante timbre sonara, pero Jorge se encontraba mal, muy mareado y con sudores. Tras entregar el examen, le pidió al profesor que si podía ir al servicio, y este le contesto con un desagradable "Si, ¡Rápido!".
Su figura en el espejo estaba irreconocible, Jorge era imperturbable, formal, calmado... pero se encontraba jadeando, apoyado en el sucio lavabo, aguantando el peso de su cuerpo como podía... hasta que cayó.

Jorge se hallaba confuso, envuelto en un infinito invisible, el completo aislamiento de cualquier sensación.
Solo se oía una voz, pero, no parecía haber nadie, la voz decía:
-Tu decides, bien o mal.
Entonces escucho otra voz, una mas conocida, una voz grave y ronca, era su padre, y estaba hablando con un médico o doctor. Fue entonces cuando el chico se dio cuenta de que estaba en el hospital, pero, no era como en las películas, él se acordaba de hasta cómo se desmayó.
De pronto, el doctor se dio cuenta de que se había despertado, y avisó a el padre de Jorge, entonces, este fue corriendo a ver a su hijo, Jorge apreciaba el esfuerzo que su padre hacía por mantener sus estudios, sin embargo, no tenían suficiente tiempo como para quererse, su padre venía siempre muy tarde de su trabajo.
-¿Cómo estas, hijo?
-Bien, como si hubiera dormido dos días enteros.
-Has estado inconsciente tres días... No tienes ni idea de el susto que me llevé, pero dicen que no es grave, tan solo estrés académico.
En ese momento el doctor interrumpió:
-¿Que tal te encuentras, Jorge?
Jorge respondió a todas las preguntas que le planteó el doctor, pero tuvo que acabar interrumpiéndole, tenía muchas ganas de ir al servicio.

Otra vez, se encontraba delante de un espejo, lavándose la cara, esta vez preguntándose que significarían estas palabras, pensado si había hecho algo mal en su vida, si su subconsciente lo había mencionado por algún motivo.
Cuando salió del servicio, fue directamente a la cama, Jorge no estaba cansado, pero todos los músculos de su cuerpo estaban entumecidos, su padre miraba por la ventana, y el doctor estaba apoyado en la barra de la recepción, parecía que estaba hablando con la recepcionista. Sin embargo, todos estaban quietos.

Nadie se movía, nada se movía, no se escuchaba nada, todo estaba en silencio, había un silencio atronador en todas partes, no se escuchaban ni los pasos ni los golpes que Jorge pegaba desesperado al espejo. No sabía cuanto tiempo había pasado, 1 hora. un día, un mes... 

Nuestro protagonista no dormía, no comía, no lo necesitaba, estaba loco, solo pensaba, mientras se daba un paseo por el barrio, era un lugar desconocido, el vivía en las afueras de la ciudad, y siempre le había gustado pasearse por el centro de la ciudad.

Estaba cruzando una esquina, cuando vio un coche, un Ford Mustang, tenía pinta de ir a toda velocidad antes de quedarse paralizado, pero lo mas impactante no era eso, sino la señora que había delante, estaba sorprendida, como si la fuesen a atropellar. Resultaba claro que podía analizar la situación desde diferentes puntos de vista, pero Jorge se aseguró de pincharle todas las ruedas al coche, sacar al ebrio conductor, y luego, apartar la señora del camino.

Entonces la realidad se reanimó, el coche siguió su camino, Jorge se quedo pasmado, y cayó al suelo, volvió a sentirse como en el examen, estaba mareado, saturado de sensaciones, sentía que su cabeza iba a explotar.

El coche derrapó, salió disparado como una bala, pero se desvió, y penetró en una cafetería, atropellando y quitándole la vida todo el que había dentro. Esto le sentó como un tiro a Jorge, le entraron ganas de morir, y entonces, se percato del significado del mensaje de esa voz de sus sueños:
-Tu decides, el mal o el bien.

El había escogido el mal.
Bárbara Briano
Dulce 
1 de noviembre de 2016


                      De viaje a Bélgica 
     
Antes de empezar el viaje pensé que Bélgica no iba a ser muy bonito, es decir, pensaba que iba a ser como todos los lugares en los que ya había estado; pero resultó todo lo contrario, me pareció super tranquilo y muy “mágico”.
Al llegar a Brujas nos dirigimos al hotel a dejar las maletas y a descansar un poco, porque nos habíamos despertado a las 6:00 de la mañana y estábamos agotados. Más tarde cuando ya habíamos descansado, fuimos a alquilar unas bicis para ir por el centro, ya que todo el mundo allí la usa. Cuando por fin teníamos las bicis nos pusimos en marcha y fuimos por un camino que pasaba alrededor de un canal, y que había unos árboles enormes con hojas de colores otoñales y también caían las hojas con la brisa del aire y se podía respirar paz y tranquilidad. Cuando llegamos al centro atamos las bicis y fuimos a dar un paseo caminando, pasamos por los canales y por un momento nos olvidamos de la hora que era, ya era la hora de comer y fuimos aun restaurante italiano, ya que nos encanta la pizza y teníamos monoganas de comida italiana; al terminar nos quedamos sentimos llenos y fuimos a dar un paseo para bajar la comida. Después de un rato volvimos a por las bicis, fuimos a una tienda de regalos y compramos imanes y unos parche; así empece mi colección de parches. Cuando acabamos volvimos al hotel recogimos un poco todo, nos aseamos, etc. Y nos quedamos dormidos después del largo e intenso día.
Al día siguiente estuvimos pensando si ir a Damme o a Gent y resultaba claro que podíamos analizar la situación con diferentes puntos de vista, uno era ir a Damme y como es pequeño luego podríamos ir a Brujas y ver lo que no nos dio tiempo a ver ayer el día anterior o ir a Gent y pasar el día ahí, así que nos decantamos por la segunda opción, después de una gran discusión. Al llegar a Gent me encantó, me pareció el sitio más bonito que había visto en mi vida, es era como un cuento, y super muy romántico, un sitio perfecto para ir con tu pareja. Después de que mi hermana y yo nos hiciésemos como mil fotos, fuimos a comer a un restaurante típico de cerveza, que a mis padres les apetecía. Estuvimos dando más vueltas, entramos en el castillo, etc. Cuando ya vimos todo lo que pudimos, fuimos un poco de tiendas y compramos unos regalos y parches??; y ya volvimos al hotel a dejar las cosas y como era la hora de cenar, ya nos acercamos a un restaurante que había cerca del hotel, cenamos y después pasamos por un supermercado para comprar unos bollos típicos y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente volvimos a el al supermercado y compramos productos que no hay en Inglaterra y como aceite de oliva virgen extra y cosas del estilo, más tarde fuimos a dar una vuelta a Damme como acordamos ayer el día anterior y también me encanto me pareció muy rústico y muy familiar. También vimos un molino que estaba a el al lado de un canal y quedaba presentaba una imagen preciosa y como no es era muy grande lo terminamos de ver muy rápido. Al anochecer fuimos hacia el Ferry y, con mucha tristeza, dijimos Adios adiós a Bélgica.

Mi conclusión es que para conocer un lugar hay que ir y no tienes que juzgarlo antes de conocerlo y que muchas veces te puede impresionar. 

lunes, 7 de noviembre de 2016

Ruidos

Un sonido extraño despertó a Carlos de un profundo sueño aquella noche del 3 de febrero. El ruido provenía de la cocina; supuso que alguna de sus hijas habría bajado a cenar algo. Se tranquilizó y volvió a cerrar los ojos, cuando de repente escuchó el mismo ruido, pero esta vez, más fuerte. Automáticamente miró al reloj de su mesilla de noche, su tranquilidad se esfumó tan pronto como se dio cuenta de que eran las 4 de la mañana; se levantó de un salto y entró asustado a la habitación de sus hijas; para su sorpresa ambas dormían. De todas formas, para asegurarse bajó a la cocina. No había nada, ni nadie. Subió de nuevo a su habitación y se volvió a sumir en aquel profundo sueño. "Me lo habré imaginado" pensó... 

Aa siguiente le preguntó a su mujer si había escuchado algo; "Que va," -dijo- "estaba tan cansada que ni un terremoto me hubiera despertado". Esa misma noche se volvió a escuchar aquel ruido tan desagradable más o menos a la misma hora. Fuera llovía. Carlos se empezó a preocupar y despertó a Marta, su mujer. Ambos decidieron bajar a inspeccionar silenciosamente. Nada más bajar las escaleras se podían apreciar los sofás rajados, las manchas de barro y el olor a humedad. Furioso, Carlos se aseguró de que las puertas estaban cerradas, las cerraduras no estaban forzadas y de que sus hijas dormían. De nuevo nada. Esta vez prefirieron que las niñas durmieran con ellos a partir de aquella noche. La mañana del 5 de febrero Carlos le estaba dando vueltas a lo ocurrido las dos últimas noches, mientras tomaba una taza de café con leche. Resultaba claro que podía analizar la situación desde diferentes puntos de vista. Esa misma noche se la pasó en vela. Se levantó para ir al baño y el corazón casi se le sale del pecho cuando vio que sólo estaba su hija Cristina; acto seguido otra vez el mismo ruido. Bajo tan rápido las escaleras que casi se tropiezaó. 

Esta vez lo que se encontró fue a su hija Daniela abrazando a un animal pequeño, peludo y curiosamente adorable; "¡Mira papá, un perrito!". En ese momento Carlos dedujo que aquel cachorro había estado entrando por la pequeña puertecilla de la entrada, para refugiarse de las noches frías. Se rió, en parte por la tranquilidad de que todo quedara resumido en un inocente perrito, pero también por la escena del mismo, lamiéndole la cara a su hija de 6 años. Finalmente Carlos no tuvo otra elección que quedarse al pequeño perrito, ya que desde que Marta y Cristina lo vieron, no hubo manera de sacarles la idea de la cabeza. "Se llamará Scratch", impuso Daniela.